Maffo y su parque

Maffo es un pueblo emblemático del actual municipio Contramaestre; incluso este último, en tiempos de la República Mediatizada, era uno de sus barrios. Muchas personas se encantan en la actualidad con su trazado urbanístico y el parque. ¿Quién lo hizo? ¿Cómo se llama el parque?
El trazado urbanístico, confección de mapas y planos, situación de las calles y el parque o plaza del pueblo, lo realizó el ingeniero agrimensor Manuel Navarrete en 1908, es decir, cuatro años antes que el de Contramaestre, elaborado en 19012. Introducir aires de modernidad en un pueblo de acento rural profundo, no estuvo exento de personas y familias que se opusieron; pero al final se impuso el amor por las ideas futuristas que embellecerían la imagen de Maffo ante el mundo.
El parque comenzó a hacerse en 1933 gracias a la gestión de las familias, que hicieron grandes colectas públicas y lograron reunir lo necesario; el gobierno finalmente apoyó la obra pública y el 22 de febrero de 1936 fue inaugurado, como hermoso lugar de esparcimiento para niños, adultos, sitio de tertulia, descanso, paseo y bello marco de encuentro de los enamorados que acudían a conversar y compartir sanamente una cita amorosa.
La obra fue ejecutada por el ciudadano italiano Domingo Spadea, que más que constructor devino artista en la creación de una huella material, orgullo de todo el pueblo de Maffo. Muy pocas personas saben el nombre de este parque, así que hurgando en archivos y en el libro “Huellas de un camino”, pude localizarlo: Saturnino Lora. De forma rectangular, con pasillos cementados para caminar, una pérgola erigida casi en el centro a un nivel mucho más alto, cuya estructura construida de madera, vigas y tablillas armadas estéticamente, pintadas de un blanco limpio, proyectaba la majestad de un monumento.
Un dato curioso, en la pérgola había cuatro bancos donde se sentaban las personas más educadas de Maffo; a continuación estaban los bancos de los viejos, así llamados porque los preferían las personas mayores, eran largos y hermosos, construidos de cemento, cuidadosamente terminados, cuyos espaldares eran una verdadera obra de arte que simulaban tronco de árboles. El alumbrado lo conformaba una red de farolas eléctricas que descansaban en columnas tubulares de metal y amplia base, instaladas con precisión para que ofrecieran buena iluminación en las noches. En los bordes fueron sembrados laureles y las áreas internas tenían un césped donde se apreciaba buen gusto. A la gente de Maffo le apasionaba ver llegar con el verano las bandadas de golondrinas que venían huyendo del crudo invierno de Suramérica.
Las fiestas patronales conocidas como San José se hacían el 19 de marzo; duraban cinco días y transcurrían alrededor del parque Saturnino Lora. El mismo era cercado para que no fuera dañado; así cada noche de fiesta se desarrollaba, en sus interiores, la “verbena”, un baile gigantesco, amenizado por orquestas de gran convocatoria en el país. Disfrutar de este espectáculo exigía pagar una modesta suma, que luego era usada en la ejecución de obras sociales para el disfrute de los ciudadanos.
Manuel Navarrete y Domingo Spadea, ellos hicieron posible lo que hoy todos llaman orgullosos pueblo de Maffo y ese parque memorable donde el turista nacional o extranjero, siente el deseo de tomarse una foto para documentar un viaje a este sitio de la geografía oriental.

